Articulo de Alberto Arce, “Manuel y Laura, de la Asociación Cultura y Paz, zarpan rumbo a Gaza”

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EL 18 de diciembre de 2008 rompí, simbólicamente, el bloqueo a Gaza. Junto a 7 personas más entré en el puerto, bloqueado, de la Franja, tras 15 horas de travesía nocturna y varios intentos de detenernos por parte de la armada israelí. Unos meses antes, María del mar, una jovencísima, en el más sano sentido de la palabra, activista de Vilanova y la Geltrú recibía un pasaporte palestino en agradecimiento por su participación en la flotilla que había roto el bloqueo marítimo en agosto de 2008 por primera vez en cuatro décadas. Esa acción, esa rebeldía, esa negativa a aceptar las normas impuestas por una fuerza de ocupación sobre un territorio ocupado, (el cierre perimetral, sí, que nadie lo dude, es ocupación) permitió aportar un poco de luz al mundo de habla hispana sobre lo que sucedía en Gaza, sobre lo que Israel no quería que viéramos, en un lugar donde no se permitía el acceso a la prensa. Los barcos de Free Gaza no sólo introdujeron unas cajas de medicamentos. Llevaban testigos. Con cámaras y bolígrafos. Que trabajaron, junto a los palestinos, para que el mundo supiese. Otra española, probablemente la mejor corresponsal que nuestros medios tienen en Oriente Medio también lo intentó, aunque no pudo conseguirlo.

Y 15 meses después, el bloqueo continua. Y 15 meses después, ni una sola noticia se titula “continua el bloqueo a Gaza”. A casi nadie parece interesarle el anuncio, realizado el pasado 5 de abril por las facciones palestinas sobre sus medidas para detener el lanzamiento de cohetes por parte de pequeños grupos salafistas radicales, a casi nadie le parece noticia que en 15 meses de alto el fuego hayan muerto 40 personas del lado palestino y 1 del israelí mientras el bloqueo continua. A casi nadie se le ocurre construir una noticia sobre Gaza que no pase exclusivamente por los barbudos de Hamas, que dan notas de color mucho más jugosas y comerciales que la situación de castigo colectivo en la que se encuentran un millón y medio de personas que siguen sin poder moverse ni desarrollar una vida diaria. A nadie parece interesarle donde están los miles de millones para la reconstrucción de Gaza prometidos en la cumbre de Sharm El Sheikh, a la que nuestro Presidente asistió.

Y 15 meses después, el bloqueo continua. Y 15 meses después, ni una sola noticia se titula “continua el bloqueo a Gaza”. A casi nadie parece interesarle el anuncio, realizado el pasado 5 de abril por las facciones palestinas sobre sus medidas para detener el lanzamiento de cohetes por parte de pequeños grupos salafistas radicales, a casi nadie le parece noticia que en 15 meses de alto el fuego hayan muerto 40 personas del lado palestino y 1 del israelí mientras el bloqueo continua. A casi nadie se le ocurre construir una noticia sobre Gaza que no pase exclusivamente por los barbudos de Hamas, que dan notas de color mucho más jugosas y comerciales que la situación de castigo colectivo en la que se encuentran un millón y medio de personas que siguen sin poder moverse ni desarrollar una vida diaria. A nadie parece interesarle donde están los miles de millones para la reconstrucción de Gaza prometidos en la cumbre de Sharm El Sheikh, a la que nuestro Presidente asistió.

Me he preguntado siempre que sucedería si en vez de hablar de Israel y Gaza hablásemos de la República Dominicana y Haití. Si la República Dominicana prohibiese el acceso a Haití de material de reconstrucción, cooperantes y periodistas. Me gustaría saber si el mundo callaría y miraría hacia otro lado.

En diciembre de 2008 y enero de 2009, el mundo supo. Se comió las uvas y las cenas de toda una navidad ante los fuegos artificiales provocados por el fósforo blanco. Pero después del espectáculo eligió mirar para otro lado. Se apagaron las luces y no tuvo lugar ninguna modificación de las políticas públicas, las que inciden de manera real, respecto al comportamiento del ejército israelí en Gaza.

15 meses después de la Operación Plomo Fundido, y en plena presidencia española de la Unión Europea, sí, en plena complicidad de nuestro gobierno, Gaza continua bloqueada. Son ya más de 1000 días de bloqueo. Mil días con sus noches oscuras, las de la ausencia de electricidad generada por el bloqueo. Con 20.000 personas viviendo en tiendas de campaña, sin cristales, aún, para cerrar las ventanas, sin cuadernos para que los niños y las niñas puedan estudiar, sin respiradores o máquinas de diálisis, sin libertad de movimientos para una población encarcelada.

En apenas unas semanas, Manuel y Laura, de la Asociación Cultura y Paz toman mi relevo, al igual que yo lo tomé de María del Mar y navegarán, junto a decenas de activistas de todo el mundo, rumbo a Gaza. En la flotilla Rachel Corrie con barcos turcos, irlandeses o suecos. Para tratar de romper el bloqueo, ilegal, injusto y criminal que Israel y Egipto imponen sobre la Franja, para plasmar, desde la sociedad civil que tan dignamente representan, que somos los ciudadanos conscientes quienes debemos ocupar el vacío y el agujero negro que nuestros gobiernos construyen, con su silencio y complicidad, alrededor de Gaza, un ghetto retransmitido en directo por televisión en pleno año 2010. Un ghetto que nos convierte en cómplices porque nosotros sí sabemos, en esta ocasión, lo que está pasando.

Quiero, con estas palabras, que todos sepamos que Manuel y Laura, y todo los que se les unan, por libre o a través de la delegación de la Asociación Cultura y Paz, representan, con esos dibujos y esos libros que llevarán a las escuelas de la UNRWA, bombardeadas y nunca reconstruidas, o a la Universidad Islámica de Gaza, con la que ninguna Universidad de nuestro país se ha solidarizado tras su bombardeo, la dignidad que queda en nuestra sociedad civil, la del compromiso con unos valores y unos ideales que no pasan, necesariamente, por formularios ni fondos públicos, ni por profesionalización y competencia técnica. Pocos y pocas personas y organizaciones, con mucho más dinero y capacidad de incidencia, actúan llevando sus ideales, en consecuencia, hasta el activismo y la protesta, la rebeldía y la solidaridad real, la de poner el cuerpo, la de jugársela con aquellos que lo necesitan cuando lo necesitan guiados por el corazón y no por el interés, la promoción y la visibilidad. Manuel y Laura, yo estoy en vuestras mochilas. Y espero que muchos más también.

Alberto Arce.

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