desde la frontera de Rafah

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3-6 de enero de 2010
Por primera vez desde que llegamos a Al Arish, conseguimos dejar la ciudad, hacia la frontera de Rafah, para entrar a Gaza.
Cuaranta y cinco quilómetros entre arena, olivos, algunas barracas beduinas, pequeños pueblos y un barrio periférico de la ciudad egipcia de Rafah; una carretera asfaltada, a trozos dos, y varios caminos robados al desierto, por donde los autóctonos se mueven tranquilamente, y no parece tan raro querer evitar los puntos de control (check points), donde hasta hoy la policia ha hecho volver atrás todos los compañeros que hayan salido del Cairo y de Al Arish hacia aquí. La frontera de Rafah, la zona rossa de Egipto! Hemos llegado, roto la prohibición, desobedeciendo a una regla injusta e inhumana!
A diferencia de cuando llegaron otros compañeros antes, y según habían anunciado varias fuentes mientras estábamos en Al Arish, encontramos la frontera “abierta para cuestiones humanitarias”, es decir que las autoridades se reservan el derecho de discriminar la entrada.
Hay una puerta pequeña para las personas y un portal grande para los vehículos alla derecha, para entrar a Gaza; otras dos especulares para salir. Si pensamos en cuanta gente de Gaza está obligada a vivir fuera y cuanta que está dentro espera desde meses para salir, podríamos imaginar largas colas delante de cada puerta, pero no es así: la mayoría de los palestinos en el mundo no tienen permiso para ir a su tierra, y a veces es el mismo gobierno egipcio a negar el visado.
Hay pequeños grupos de gente, algunos llegados juntos y otros improvisados; la mayoría son de Gaza, sobretodo hombres. Al lado de las puertas hay una pequeña tienda, con agua, chips y dulcecitos, donde se paran los que estan esperando la respuesta de los guardianos de la frontera sobre su entrada a Gaza, o los maridos egipcios que no saben exactamente a que hora volverá su mujer palestina que ha ido a visitar su madre o tia enferma; y hay palestinos que salen. Conocemos a Ahmad, un joven víctima de los bombardeos del año pasado, que le privaron del uso de las piernas; ha conseguido una silla de ruedas pero nada más, no sabe dónde está exactamente el problema, ni si se puede hacer algo. Me pregunta que le aconsege un hospital bueno, en Europa, y cómo se llega y con quién hay que hablar; nunca había salido de Gaza.
Después del último rezo – que muchos celebran en la modesta mezquita en cima de la tienda – hay más silencio; llaman la atención las protestas de un viejo palestino por el abuso al cual está siendo sometido. Son horas que espera de entrar, su mujer ya cruzó el paso, le espera sola al otro lado, el palestino, para ir juntos a su pueblo; la temperatura ya ha bajado mucho, y entre sus muchas arrugas, unos ojos azules y preocupados por su esposa. Jovenes árabes se acercan para intentar tranquilizarle y soportarle en su reclamación a la policía de frontera. Todavía le dejan esperando….
El dia después llega más gente, extrangeros, también; un grupo de actores sirios con su equipo y su autorización firmada por las autoridades egipcias, que no obstante tienen que esperar todo el dia antes de que, por fin, les dejan entrar! Entran! Es posible!
Les pedimos que lleven un saludo y un abrazo a todas y todos los gazawis; es un silbo de esperancia.
Por la tarde llega un chico indio, participante de las actividades de la marcha en el Cairo, y en menos de una hora les dejan entrar! Pero ya es el último. Con nosotros, sin autorización de los servicios secretos, se quedan a este lado de la frontera otros que sí la tienen, como un periodista brasileño cuyo nombre, según los “guardianos”, no aparece en una misteriosa lista que tienen escondida dentro un camarote.
No obstante toda la prohibición a los extrangeros de circular por el Sinaí, los funcionarios y militares de la frontera no parecen sorprenderse tanto de nuestra presencia; al presentarnos a la puerta, nos piden los pasaportes y se los llevan donde el jefe, para volver con un no rotundo, al cual el segundo dia añaden una información: para los extrangeros (no palestinos residentes en Gaza), la puerta abre en dos dias!
Una de las estrategias de las autoridades y los policías egipcios es hacerte perder el tiempo hasta desanimarte. Pues en dos dias la puerta se volvió a cerrar, para nosotros y todo el resto del mundo.
Con una excepción!
En estos dias han ido llegando los voluntarios y voluntarias de la caravana Viva Palestina, a la cual participa el diputado británico George Galloway.

Una respuesta to “desde la frontera de Rafah”

  1. Manu Says:

    Precioso texto… Ahora toca trabajar en casa!!!

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